Buena parte de las fábricas de zapatos en Venezuela tiene ahora dos funciones: producir e importar calzados terminados. Es la única forma de mantenerse con los cordones atados ante la caída de la demanda y los problemas que tienen para colocar sus modelos frente a marcas extranjeras, que se valen de un dólar barato para ser más competitivas en el mercado local.
El producto venezolano no es atractivo ante el extranjero, porque es más barato que fabricar un zapato en Venezuela, con una inflación interna en crecimiento, que en 2008 fue de 30,9%, y un dólar anclado desde hace cuatro años en 2,15 bolívares fuertes.
Hay una sobreoferta de zapatos por los altos inventarios que se crearon a finales de 2008, un año de bonanza que terminó mal para los fabricantes. La poca demanda que queda está siendo cubierta en 90% por calzados importados. Se trata de un mercado de más de 50 millones de pares.
Fuente: El Universal



























